Vacío
Doble muerte
El corazón de ella quedó atravesado por una bala. El de él, murió antes, por las palabras cargadas de desprecio.
Torcuato González Toval
Vacío
Doble muerte
El corazón de ella quedó atravesado por una bala. El de él, murió antes, por las palabras cargadas de desprecio.

No era de mi talla.
Este gordo ocupaba mucho lugar. Yo no sabía de la existencia de tallas tan descomunales hasta que lo acompañé a comprar. Mi buen gusto me ayudaba a escoger una selección de pantalones y camisetas 6XL para él, y algún que otro vestidito de la 36 para mi. “Qué mona vas”, me decía. “Qué…inteligente eres”, le respondía. Me miraba con, diría deseo, y a mi me gustaba, y también que me espiara en ropa interior, por eso me tomaba mi tiempo en el probador, con la cortina entreabierta. “Solamente amigos”, le decía a menudo. Hoy lo vi, paseaban de la mano. Y no me miró.
Torcuato González Toval.

Desde el suelo
Ahí está inmóvil, claro, muerto. Ocho tiros a bocajarro por lo menos. Y no es que no se lo mereciera pero da no sé qué verlo así, con la ropa, el suelo y hasta el alma ensangrentados. Bueno, esta última la tenía más bien negra. Si me quedaba alguna duda, ya se me disipó hace un rato, lo he comprendido. Era de lo peor. Sólo había que fijarse en el deplorable aspecto en que quedaban sus víctimas, que no eran pocas. Ser un asesino a sueldo es una cosa pero el ensañamiento morboso y enfermizo con que se empleaba es otra. Ese disfrute que mostraba mutilando y viendo el dolor reflejado en los asustados rostros, era repugnante. Si, le han hecho un gran favor a la sociedad. Pero aunque no me sirva ya para gran cosa, siento curiosidad por saber quién ha sido y por qué motivos. ¿Un ajuste de cuentas?, ¿Una venganza? Razones había cientos, no, miles, desde luego. El que ha acabado con él, está tranquilamente sentado en la butaca del fondo, fumando y deleitándose con su obra, sin prisa. Supongo que pensará que el trofeo que tiene ante si, lo merece. Adquirirá fama, prestigio dentro del gremio. Lo contratarán como matón de alguno de los capos, si es que no trabaja ya para alguno. Siento admiración por ese tipo. Hay que ser valiente e inteligente para, no solo haber matado a la bestia, sino por el mero hecho de intentarlo. Estoy viendo su reflejo casi al completo pero me falta su cara, desde aquí no consigo verla. El espejo muestra perfectamente el cadáver de ese indeseable pero no a su verdugo. Si al menos pudiera levantar la cabeza. Desde aquí tirado no lo consigo.
Torcuato González Toval.
Cuadro: Pablo Picasso.
El siguiente micro participó en el concurso de Minificciones.com.ar del mes de abril, siendo seleccionado entre los seis primeros. Entre ellos también estaba Sara Lew, que fue la ganadora, María José, que obtuvo el 3er puesto y Claudia. Tres amigas escritoras, por lo que me alegro un montón.

El fin del dolor.
Sintió una punzada en el cuello y reconoció que esa era la señal. La temperatura de su cuerpo subió y seguidamente su piel rocosa se agrietó, convirtiéndose en una especie de puzzle, cuyas piezas resecas se iban desprendiendo para dejarlo libre. Sin el caparazón opresor, la gárgola se estiró para desentumecerse. El dolor que había sentido desde que la colocaron allí, persistía, incluso ahora, mucho más agudo, siendo en la mente, peor. “Hazlo y desaparecerá”. Abrió las alas y se despegó del trozo de templo en el que había permanecido tantos años, elevándose a lo más alto. Desde arriba divisó a sus compañeras, persiguiendo a los humanos que corrían para intentar esconderse. Con una pequeña y fulminante llamarada, les quemaban cuerpos y almas. “Hazlo y desaparecerá”. El dolor persistía. Debía hacerlo. Se lanzó hacia el suelo y se nutrió de gritos y angustia. Con ellos en su interior, volvió a subir y se dirigió de nuevo a la construcción con todas sus fuerzas y velocidad. Aspiró y lanzó una inmensa bocanada ardiente que arrasó la catedral que había presidido la ciudad durante siglos. Con ella, se pulverizaron las demás bestias y los llantos. El dolor de la gárgola también cesó.
Torcuato González Toval.

Travesuras
Hice novillos y robé unas botellas del camión de cerveza. Las compartí con el burro del cura. Fue un entierro muy sonado.
Torcuato González Toval

A la mañana siguiente de la fiesta, se encontraron la bandeja vacía y a unas hormigas muy nerviosas.

Sentimientos
Todos apretujados en aquel enorme congelador. Lo compró cuando ella lo abandonó y desde entonces fue un hombre inexpresivo y frío. Y los tuvo escondidos. Años. Hasta que vio a Irene en el bar donde él desayunaba. Ese día, sacó uno y lo devoró. Al día siguiente esperó sonriente con su café, a que volviera. La saludó y ella también, mostrando el brillo de sus ojos y su sonrosada boca. En casa derramó lágrimas mientras se comía otro. Se siguieron viendo y, al fin, se besaron. Antes de invitarla a su casa se aseguró de que no quedará ninguno. Después, colocó el arcón junto al contenedor.
Torcuato González Toval

Causa y efecto.
Mientras el cazador sanguinario dispara a las cigüeñas, su mujer pone velas y se pasa el día rezando para ver si Dios le da un hijo.
Torcuato González Toval.
Pintura: Nelson García Jiménez.

Encapuchados.
Eran generaciones con una capucha tapándoles la cabeza, lo llevaban muy bien. Tras la jornada de trabajo, llegaban a sus casas, y allí tras cerrar bien todas las puertas y bajar a tope todas las persianas, encendían la tele. Ese era el momento de quitársela y ver la realidad de lo que había ahí afuera.
Torcuato González Toval
Imagen: Jonal Lozano

Amor verdadero
Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura, se limpiaba los restos de carmín con explícita repugnancia en el momento en que su móvil volvía a sonar. Ya en casa, y en la cama, mientras el que está junto a ella, ronca, rememora los momentos apasionados de su cita, y el muchacho, tras la noche de trabajo, abraza y acaricia el torso velludo de su amor.
Torcuato González Toval
La mamá de Juan.
Juan y yo somos tremendos. Eso dice mi padre cuando no esta muy enfadado, porque cuando lo está, directamente lo manda a su casa a que lo aguante su mamaíta. Ella, en cambio, tiene mucha paciencia y nos trata con mucho cariño. Vive solita con mi amigo y creo que por eso le gusta tanto que yo esté allí. Nos prepara ricas meriendas y hasta juega y canta con nosotros. Mi padre, cuando sube a por mí, siempre interrumpe alguna diversión pero ella insiste para que papá espere, tomando un café o una cerveza, a que terminemos nuestros juegos. ¡Es más guapa! No llego a entender por qué mamá no la soporta.
Torcuato González Toval.

Se ha fallado el I Premio de microrrelatos temáticos. Este micro que acabáis de leer ha sido seleccionado para formar parte del libro "Amigos para siempre"
En sus manos
Ella dejaba que él le acariciara los muslos bajo la mesa mientras cortaba otro trozo de su corazón y lo masticaba amorosamente.
Torcuato González Toval.

Desagradecida
Por San Valentín, cenamos románticamente en mi casa y cuando terminó de fregar los cacharros se marchó sin tan siquiera darme un beso.
Torcuato González Toval

Distracciones
Se despista con cualquier cosa: El vuelo de un abejorro indeciso, la fragancia a flores del jardín, alguna humedad lejana, ese rayo de sol que cree poder retener con el borde de sus párpados o el retazo aromático de aquel bizcocho mañanero, que todavía perdura en la boca. Menos mal que siempre hay alguien que de un buen pescozón lo baja a la tierra.
Torcuato González Toval
Dibujo: Marta Chicote

Bartolomé, estando tranquilamente en su bar, no hubiera pensado que un individuo colérico iba a entrar dando voces y golpes a las mesas, sillas y mostrador. Desde el suelo, con el labio partido y moviéndosele un diente, al ya calmado tipo no se le hubiera ocurrido que el del bar le metiera semejante puñetazo y lo sentara en el piso. Tampoco Bart, como lo llamaban los clientes, había imaginado una reacción tan desmesurada. “Odio la violencia”, decía constantemente. Y en esas estaba pensando, cuando bajó la persiana ya por la noche. Y siguió pensando hasta que un camión de la basura a toda velocidad, lo atropelló y le borró de un golpe todas las divagaciones. Maruja, la basurera, no imaginó que eso sucediera, y cuando despertó, se preguntó el por qué una abogada como ella soñaba esas cosas. Al contárselo a su marido, este le recomendó que abandonara el trabajo de asesoramiento en aquella asociación feminista.
Torcuato González Toval.
Tengo un perro muy gracioso y bonico. Esta mañana me ha despertado pegándome tirones de la pata del pijama. Me ha llevado hasta el salón para enseñarme que además de saber hacer pipí y caca en la calle, lo sabe hacer dentro de la casa. No lo he castigado, ¿como iba a hacerlo?, se ha puesto de pie sobre sus patas de atrás, dando saltitos alrededor mío y moviendo la cola alegremente, me he limitado a limpiarlo todo y a vestirme. Mientras paseábamos lo observaba, dándome cuenta de que no paraba de vaciarse por aquí y por allí. Una y otra vez levantaba la pata o hacía la típica postura de descarga. Ha seguido, dale que te pego hasta parecer que iba menguando de tamaño. En efecto, ha llegado un momento en que era tan pequeño como un gorrión, pero sin alas ni pico. Y al instante ya era como un escarabajito peludo. No hacía guau, sino güi, güi. Entonces, he puesto la mano en el suelo para que subiera en la palma y así evitar perderlo de vista. Lo he mirado y ha empezado a resultarme una ricura, más que de costumbre. Un impulso irrefrenable ha hecho que me lo metiera en la boca. Antes de pegar la primera masticada se ha deshecho con el contacto de mi saliva.
Torcuato González Toval

| Busca lo más vital - El libro de la selva - George Bruns |
lo que es necesidad, no más, y olvídate de la preocupación. Tan solo lo muy esencial para vivir sin batallar y la naturaleza te lo da. Doquiera que vaya, doquiera que estoy soy oso dichoso, oso feliz. La abeja zumba siempre así porque hace miel sólo para mí, y las hormigas encuentro bien y saboreo por lo menos cien del primer lengüetazo. Lo más vital en esta vida lo tendrás. -¿Yo lo tendré? Te llegará. Busca lo más vital, no más, lo que has de precisar, no más. Nunca del trabajo hay que abusar. Si buscas lo más esencial sin nada más ambicionar mamá naturaleza te lo da. Cuando tomas un fruto con espinas por fuera y te pinchas la mano, te pinchas en vano. Tomar espinas con la mano es malo, en vez de la mano se usa siempre un palo. Mas fíjate bien, usarás la mano cuando tomes la fruta del banano. ¿Aprenderás esto tú? -¡Sí, gracias Baloo! Lo más vital para existir te llegará. -¿Me llegará? -¡Nos llegará! Así, déjate llevar, así, tranquilo, deja el cuerpo descansar... Mira, te daré un consejo, amiguito. Si como esa abeja afanas trabajas demasiado... Y el tiempo no pierdas nunca en buscar cosas que quieras que jamás encontrarás. Pues ya verás que no te hace falta y aún sin él tú sigues viviendo, pues esta es la "verdá". Lo más vital para existir te llegará. Busca lo más vital, no más, lo que has de precisar, no más, pues nunca del trabajo hay que abusar. -¡Sí, señor! Si buscas lo más esencial sin nada más ambicionar mamá naturaleza te lo da. -¡Eso! Mamá naturaleza te lo da. -¡Sí, señor! |
“¿Por qué me mira así?” Fue la primera frase completa que pronunció. Así, con una mezcla de respeto y descaro. Esa pregunta y su ausencia de sonrisas, que aún perdura, nos dio la pista de cómo sería su carácter: Agrio y asocial. Siempre apartado en rincones, gruñendo más que hablando. “Es autista”, dijeron, pero los sicólogos lo descartaron. Él entiende y se hace entender. Luego empeoró la cosa con las peleas, quejas y hasta denuncias de los padres. “Su hijo le ha arrancado un trozo de cara al mío. ¡Póngale bozal!”. No debemos esperar más. Puede que ya sea hora de enfrentarlo a un espejo.
Torcuato González Toval
Pintura: Ernest Descals


Con este amargor tan extraño, se ha quedado. Como yo, cuando engañado por él, mordí aquella almendra negra. “Si masticas una, serás invisible”. Mi corta edad e ingenuidad eran ideales para sus bromitas constantes y sus manipulaciones para que yo asumiera las culpas de todo lo malo que él hacía. Al crecer, me quitaba las novias y amigos, y hasta en este negocio que montamos juntos, se lleva todos los honores. Por todo eso, no lo soporto más y le he dicho que me voy, ahora siente él, la amargura. Digo adios a los portarretratos del despacho aunque no aparezca en ninguna fotografía.
Torcuato González Toval


No correspondido
Los alardes sobre su capacidad para no llorar, eran conocidos por todos. “Hace más de tres años que no derramo ni una lágrima”, decía orgulloso. Días antes de encontrarlo ahogado en su casa, contó que se había enamorado.
Torcuato González Toval
Pintura: Guillermo Vallejo Saura

Bien, allí estaba yo esperando el gran momento que tanto había ansiado, pero que también me aterrorizaba. Todo el equipo revisado y a punto. Me dijeron que cuando se abriera la puerta del avión no debería pensarlo mucho, saltar sin pensar, saltar sin pensar. Y eso ocurrió, coloqué en mi cabeza la imagen de mi hijo, que es lo que más quiero en el mundo, miré las nubes y, ¡banzaaai! Es una sensación única la de lanzarse en paracaídas, caer a esa velocidad con el mayor de los vientos golpeando en el rostro mientras gritas con todo el alma. El suelo se acercaba más, más, llegaba el momento de tirar de la anilla. Uno, dos, tres, ¡ya! La mente se me quedó en blanco, mejor dicho, en negro, negro de vacío y muerte. Volví a tirar y nada. Otra vez, nada. Nada. “Es el fin”, pensé. El paisaje, antes minúsculo y bello, crecía de una forma muy peligrosa, se acercaba. Entonces vi un punto brillante allí abajo. Cayendo, se fueron perfilando mejor sus formas, hasta que distinguí una cámara en su trípode, diríase de oro, y junto a ella un tipo, diríase feliz, ya que me sonreía, haciéndome el gesto de OK con la mano. ¡Qué gracia le hizo que me fuera a machacar contra el suelo! Después, bajó el lomo y metió la cabeza tras el aparato y me enfocó. Pulsó un botón y en ese momento todo paró, Yo me quedé inmóvil en el aire, que también quedó inmóvil, rodeado de todo, también inmóvil. Eso señora, es lo que ocurrió. Comprendo que no me crea, de hecho, me alegraría si no me creyera, al menos sería algo. Pero lo entiendo. ¿Cómo va escuchar alguien a una fotografía de una exposición?
Torcuato González Toval

Muchedumbres
“¿Por qué me mira así? ¿Y tú, niño? ¡Dejad de mirarme!” Estaba como loco y los que lo rodeaban, a punto de atacarle. La muchedumbre cada vez más cerca, sacudiéndole arañazos y tirones de pelo. De repente se volatilizó antes de que un bastón impactara en su cabeza. Desapareció ante los atónitos presentes. En el laboratorio los científicos lo esperaban y le dieron un calmante acompañado de algo para beber. Acordaron que todavía debían depurar el experimento para que el próximo viaje dimensional no volviera a fracasar. Mientras, en la cabina el voluntario se recuperaba lentamente. El sudor realzaba el verde de su escamosa piel.
Torcuato González Toval
Pintura: Jean Baraud
Uno de los micros con los que participé en el concurso de Relatos en Cadena de la SER

Castigo contraproducente
Después de la noche de Reyes, los juguetes del niño bueno, ardían en la chimenea alimentada por el carbón del niño malo.
Torcuato González Toval
No la soportaba, por eso en un descuido meé en su cerveza. Ella tampoco a mi, y con lo que echó en la mía, se convirtió en una viuda rica.
Torcuato González Toval
Este micro quedó finalista en el concurso de El Cultural de El Mundo. El tema era "La caña"

El Regreso
Me dijeron que si seguía el sendero al borde del precipicio llegaría a la casa de
Torcuato González Toval
Este micro ha participado en el concurso de febrero de Minificciones.com.ar

El preso: Van a matarme…¿Qué dirá mañana esa Prensa canalla?
Max: Lo que le manden.
"Luces de Bohemia"
Valle Inclán

El siguiente micro ha sido publicado en la revista digital La Esfera Cultural. Acepto comentarios, aquí o/y allí.
¿Cómo me ves?
Las dos y media. Platos, tenedor y cuchillo, pan, vaso y agua, servilleta. Comida. Comer, comer, comer, comer. Más, más. Comer, comer. Recoger la mesa. Cuarto de baño, mirada al espejo. Mis dedos en la garganta. Vomitar.
Torcuato González Toval

Sentimientos.
Tras la broma pesada, el bromista y el inocente se secaron las lágrimas.
Torcuato González Toval

Está semana no me ha ido mal en el Concurso de el cultural de El Mundo, con el tema "El Bisturí". Mi micro "Tembleque" ha quedado vencedor y "Coherencia", finalista.
Tembleque
Antes de entrar al quirófano pidió una tila en el bar. Al final de la barra, el cirujano que la iba a operar se tomaba otra.
Coherencia
Durante años fue operando cada una de las partes de su cuerpo para sentirse mejor. Menos una, el cerebro. Tenía muchos efectos secundarios.
Torcuato González Toval

Pasión titánica.
Antes de que avisaran del hundimiento, nuestra cama ya estaba empapada.
Torcuato González Toval.

Desaparecidos.
Suenan castañuelas y se van las ratas. Al día siguiente vuelven a sonar y desaparecen los niños. El flautista ha cambiado de instrumento.
Torcuato González Toval

Luz encendida
Desde que tengo turno de noche apenas coincidimos en casa. A menudo, cuando hago el recorrido, miro hacia nuestra ventana que se mantiene encendida hasta muy tarde. Me dice que le cuesta conciliar el sueño, la pobre, que no se acostumbra a mi ausencia. Yo también la echo mucho de menos. Esta mañana iba absorto, pensando en el calor que desprende cuando la abrazo mientras aún duerme, y de pronto, la urraca del segundo izquierda me ha saludado muy amablemente. Antes ni me miraba a la cara, en cambio últimamente me regala unas sonrisas de lo más extraño.
Torcuato González Toval.

Sueño frío
Cuando vimos la nieve en Toledo todos nos alegramos. Dejé a mis amigos tirándose bolas unos a otros, mientras yo cerraba los ojos para notar como mis párpados se enfriaban, me gusta esa sensación. Lo intenté, pero no conseguí abrirlos y tuve miedo, aunque menos que cuando aparecieron los osos. Tampoco pude correr pues mis pies estaban pegados en el suelo helado. De pronto lo pensé: “Esto es un sueño”, y conseguí despertar. Sonreí un instante. Sólo un instante. Hasta que vi la nieve teñida de rojo.
Torcuato González Toval
Este micro participó en el concurso de enero de Hiperbreves Toledanos. Los micros debían tener la frase inicial "Cuando vimos la nieve en Toledo..."
Foto: AQUÍ
Acabó el plazo, el día 10 de marzo se podrán leer todos los micros presentados a concurso.
Aquí abajo tenéis un enlace de un trabajo de titanes realizado por Ana Vidal, mi querida Anita Dinamita del blog Relatos de andar por casa. El día 25 de noviembre se celebró el día contra la violencia de género y Ana, en su isla,
Para leer todos los microrrelatos pichad AQUÍ
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