En sus manos
Ella dejaba que él le acariciara los muslos bajo la mesa mientras cortaba otro trozo de su corazón y lo masticaba amorosamente.
Torcuato González Toval.
En sus manos
Ella dejaba que él le acariciara los muslos bajo la mesa mientras cortaba otro trozo de su corazón y lo masticaba amorosamente.
Torcuato González Toval.
Desagradecida
Por San Valentín, cenamos románticamente en mi casa y cuando terminó de fregar los cacharros se marchó sin tan siquiera darme un beso.
Torcuato González Toval
Distracciones
Se despista con cualquier cosa: El vuelo de un abejorro indeciso, la fragancia a flores del jardín, alguna humedad lejana, ese rayo de sol que cree poder retener con el borde de sus párpados o el retazo aromático de aquel bizcocho mañanero, que todavía perdura en la boca. Menos mal que siempre hay alguien que de un buen pescozón lo baja a la tierra.
Torcuato González Toval
Dibujo: Marta Chicote
Bartolomé, estando tranquilamente en su bar, no hubiera pensado que un individuo colérico iba a entrar dando voces y golpes a las mesas, sillas y mostrador. Desde el suelo, con el labio partido y moviéndosele un diente, al ya calmado tipo no se le hubiera ocurrido que el del bar le metiera semejante puñetazo y lo sentara en el piso. Tampoco Bart, como lo llamaban los clientes, había imaginado una reacción tan desmesurada. “Odio la violencia”, decía constantemente. Y en esas estaba pensando, cuando bajó la persiana ya por la noche. Y siguió pensando hasta que un camión de la basura a toda velocidad, lo atropelló y le borró de un golpe todas las divagaciones. Maruja, la basurera, no imaginó que eso sucediera, y cuando despertó, se preguntó el por qué una abogada como ella soñaba esas cosas. Al contárselo a su marido, este le recomendó que abandonara el trabajo de asesoramiento en aquella asociación feminista.
Torcuato González Toval.
Tengo un perro muy gracioso y bonico. Esta mañana me ha despertado pegándome tirones de la pata del pijama. Me ha llevado hasta el salón para enseñarme que además de saber hacer pipí y caca en la calle, lo sabe hacer dentro de la casa. No lo he castigado, ¿como iba a hacerlo?, se ha puesto de pie sobre sus patas de atrás, dando saltitos alrededor mío y moviendo la cola alegremente, me he limitado a limpiarlo todo y a vestirme. Mientras paseábamos lo observaba, dándome cuenta de que no paraba de vaciarse por aquí y por allí. Una y otra vez levantaba la pata o hacía la típica postura de descarga. Ha seguido, dale que te pego hasta parecer que iba menguando de tamaño. En efecto, ha llegado un momento en que era tan pequeño como un gorrión, pero sin alas ni pico. Y al instante ya era como un escarabajito peludo. No hacía guau, sino güi, güi. Entonces, he puesto la mano en el suelo para que subiera en la palma y así evitar perderlo de vista. Lo he mirado y ha empezado a resultarme una ricura, más que de costumbre. Un impulso irrefrenable ha hecho que me lo metiera en la boca. Antes de pegar la primera masticada se ha deshecho con el contacto de mi saliva.
Torcuato González Toval
Busca lo más vital - El libro de la selva - George Bruns |
lo que es necesidad, no más, y olvídate de la preocupación. Tan solo lo muy esencial para vivir sin batallar y la naturaleza te lo da. Doquiera que vaya, doquiera que estoy soy oso dichoso, oso feliz. La abeja zumba siempre así porque hace miel sólo para mí, y las hormigas encuentro bien y saboreo por lo menos cien del primer lengüetazo. Lo más vital en esta vida lo tendrás. -¿Yo lo tendré? Te llegará. Busca lo más vital, no más, lo que has de precisar, no más. Nunca del trabajo hay que abusar. Si buscas lo más esencial sin nada más ambicionar mamá naturaleza te lo da. Cuando tomas un fruto con espinas por fuera y te pinchas la mano, te pinchas en vano. Tomar espinas con la mano es malo, en vez de la mano se usa siempre un palo. Mas fíjate bien, usarás la mano cuando tomes la fruta del banano. ¿Aprenderás esto tú? -¡Sí, gracias Baloo! Lo más vital para existir te llegará. -¿Me llegará? -¡Nos llegará! Así, déjate llevar, así, tranquilo, deja el cuerpo descansar... Mira, te daré un consejo, amiguito. Si como esa abeja afanas trabajas demasiado... Y el tiempo no pierdas nunca en buscar cosas que quieras que jamás encontrarás. Pues ya verás que no te hace falta y aún sin él tú sigues viviendo, pues esta es la "verdá". Lo más vital para existir te llegará. Busca lo más vital, no más, lo que has de precisar, no más, pues nunca del trabajo hay que abusar. -¡Sí, señor! Si buscas lo más esencial sin nada más ambicionar mamá naturaleza te lo da. -¡Eso! Mamá naturaleza te lo da. -¡Sí, señor! |
“¿Por qué me mira así?” Fue la primera frase completa que pronunció. Así, con una mezcla de respeto y descaro. Esa pregunta y su ausencia de sonrisas, que aún perdura, nos dio la pista de cómo sería su carácter: Agrio y asocial. Siempre apartado en rincones, gruñendo más que hablando. “Es autista”, dijeron, pero los sicólogos lo descartaron. Él entiende y se hace entender. Luego empeoró la cosa con las peleas, quejas y hasta denuncias de los padres. “Su hijo le ha arrancado un trozo de cara al mío. ¡Póngale bozal!”. No debemos esperar más. Puede que ya sea hora de enfrentarlo a un espejo.
Torcuato González Toval
Pintura: Ernest Descals
Con este amargor tan extraño, se ha quedado. Como yo, cuando engañado por él, mordí aquella almendra negra. “Si masticas una, serás invisible”. Mi corta edad e ingenuidad eran ideales para sus bromitas constantes y sus manipulaciones para que yo asumiera las culpas de todo lo malo que él hacía. Al crecer, me quitaba las novias y amigos, y hasta en este negocio que montamos juntos, se lleva todos los honores. Por todo eso, no lo soporto más y le he dicho que me voy, ahora siente él, la amargura. Digo adios a los portarretratos del despacho aunque no aparezca en ninguna fotografía.
Torcuato González Toval
No correspondido
Los alardes sobre su capacidad para no llorar, eran conocidos por todos. “Hace más de tres años que no derramo ni una lágrima”, decía orgulloso. Días antes de encontrarlo ahogado en su casa, contó que se había enamorado.
Torcuato González Toval
Pintura: Guillermo Vallejo Saura
Bien, allí estaba yo esperando el gran momento que tanto había ansiado, pero que también me aterrorizaba. Todo el equipo revisado y a punto. Me dijeron que cuando se abriera la puerta del avión no debería pensarlo mucho, saltar sin pensar, saltar sin pensar. Y eso ocurrió, coloqué en mi cabeza la imagen de mi hijo, que es lo que más quiero en el mundo, miré las nubes y, ¡banzaaai! Es una sensación única la de lanzarse en paracaídas, caer a esa velocidad con el mayor de los vientos golpeando en el rostro mientras gritas con todo el alma. El suelo se acercaba más, más, llegaba el momento de tirar de la anilla. Uno, dos, tres, ¡ya! La mente se me quedó en blanco, mejor dicho, en negro, negro de vacío y muerte. Volví a tirar y nada. Otra vez, nada. Nada. “Es el fin”, pensé. El paisaje, antes minúsculo y bello, crecía de una forma muy peligrosa, se acercaba. Entonces vi un punto brillante allí abajo. Cayendo, se fueron perfilando mejor sus formas, hasta que distinguí una cámara en su trípode, diríase de oro, y junto a ella un tipo, diríase feliz, ya que me sonreía, haciéndome el gesto de OK con la mano. ¡Qué gracia le hizo que me fuera a machacar contra el suelo! Después, bajó el lomo y metió la cabeza tras el aparato y me enfocó. Pulsó un botón y en ese momento todo paró, Yo me quedé inmóvil en el aire, que también quedó inmóvil, rodeado de todo, también inmóvil. Eso señora, es lo que ocurrió. Comprendo que no me crea, de hecho, me alegraría si no me creyera, al menos sería algo. Pero lo entiendo. ¿Cómo va escuchar alguien a una fotografía de una exposición?
Torcuato González Toval
Muchedumbres
“¿Por qué me mira así? ¿Y tú, niño? ¡Dejad de mirarme!” Estaba como loco y los que lo rodeaban, a punto de atacarle. La muchedumbre cada vez más cerca, sacudiéndole arañazos y tirones de pelo. De repente se volatilizó antes de que un bastón impactara en su cabeza. Desapareció ante los atónitos presentes. En el laboratorio los científicos lo esperaban y le dieron un calmante acompañado de algo para beber. Acordaron que todavía debían depurar el experimento para que el próximo viaje dimensional no volviera a fracasar. Mientras, en la cabina el voluntario se recuperaba lentamente. El sudor realzaba el verde de su escamosa piel.
Torcuato González Toval
Pintura: Jean Baraud
Uno de los micros con los que participé en el concurso de Relatos en Cadena de la SER
Castigo contraproducente
Después de la noche de Reyes, los juguetes del niño bueno, ardían en la chimenea alimentada por el carbón del niño malo.
Torcuato González Toval
No la soportaba, por eso en un descuido meé en su cerveza. Ella tampoco a mi, y con lo que echó en la mía, se convirtió en una viuda rica.
Torcuato González Toval
Este micro quedó finalista en el concurso de El Cultural de El Mundo. El tema era "La caña"
Acabó el plazo, el día 10 de marzo se podrán leer todos los micros presentados a concurso.
Aquí abajo tenéis un enlace de un trabajo de titanes realizado por Ana Vidal, mi querida Anita Dinamita del blog Relatos de andar por casa. El día 25 de noviembre se celebró el día contra la violencia de género y Ana, en su isla,
Para leer todos los microrrelatos pichad AQUÍ
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