
Caída
Siempre que comía cigüeña lo hacía mirando en el espejo su rostro desfigurado.
Torcuato González Toval.

Bicéfala
Y además nos hace daño cuando nos mira. Sus ojos cavernosos emanan el odio, la avidez de sufrimiento ajeno. Resulta muy difícil escaparnos de su poderosa influencia y a veces dudamos de todo. Sentimos que la energía negativa que nos lanza consigue menguar la nuestra. La positiva. Pero aún nos queda mucha, y lo bueno es que él duerme a veces, sin levantarse de esa silla desde la que nos vigila, pero duerme. En cambio nosotras no, bueno, no del todo. Mientras que una descansa, la otra está en guardia.
Torcuato González Toval


El siguiente micro participó en el concurso de Minificciones.com.ar del mes de abril, siendo seleccionado entre los seis primeros. Entre ellos también estaba Sara Lew, que fue la ganadora, María José, que obtuvo el 3er puesto y Claudia. Tres amigas escritoras, por lo que me alegro un montón.
El fin del dolor.
Sintió una punzada en el cuello y reconoció que esa era la señal. La temperatura de su cuerpo subió y seguidamente su piel rocosa se agrietó, convirtiéndose en una especie de puzzle, cuyas piezas resecas se iban desprendiendo para dejarlo libre. Sin el caparazón opresor, la gárgola se estiró para desentumecerse. El dolor que había sentido desde que la colocaron allí, persistía, incluso ahora, mucho más agudo, siendo en la mente, peor. “Hazlo y desaparecerá”. Abrió las alas y se despegó del trozo de templo en el que había permanecido tantos años, elevándose a lo más alto. Desde arriba divisó a sus compañeras, persiguiendo a los humanos que corrían para intentar esconderse. Con una pequeña y fulminante llamarada, les quemaban cuerpos y almas. “Hazlo y desaparecerá”. El dolor persistía. Debía hacerlo. Se lanzó hacia el suelo y se nutrió de gritos y angustia. Con ellos en su interior, volvió a subir y se dirigió de nuevo a la construcción con todas sus fuerzas y velocidad. Aspiró y lanzó una inmensa bocanada ardiente que arrasó la catedral que había presidido la ciudad durante siglos. Con ella, se pulverizaron las demás bestias y los llantos. El dolor de la gárgola también cesó.
Torcuato González Toval.
El Regreso
Me dijeron que si seguía el sendero al borde del precipicio llegaría a la casa de
Torcuato González Toval
Este micro ha participado en el concurso de febrero de Minificciones.com.ar
El origen
Las dos hermanas de cola escamada hablaban en voz baja de lo que el dios del mar, su padre, les tenía prohibido. Escondidas tras las algas, planeaban como harían para ver a sus amados. La mayor quedó prendada, desde que vio los ojos y el cabello trenzado del capitán de aquel barco que a menudo recorría esos mares. La otra estaba perdiendo la cabeza por el majestuoso cachalote, jefe de su manada, que saltaba y la arrullaba con alegría. Desobedeciendo, llegó el día que decidieron fugarse con sus idolatrados amores, sabiendo ambas que eso significaría renunciar a una parte sustancial de sí mismas. Desde la roca que sobresalía por encima del agua esperaron la presencia ansiada. No tardaron en mostrarse, pero horrorizadas vieron como el arpón ballenero gobernado por uno de ellos, volaba y se clavaba mortalmente en la gruesa y brillante piel del otro. Con los corazones rotos, las sirenas nadaron hasta el barco y allí comenzaron a cantar.
Torcuato González Toval.
Este micro participó en el concurso de enero de Minificciones.com.ar
Acabó el plazo, el día 10 de marzo se podrán leer todos los micros presentados a concurso.
Aquí abajo tenéis un enlace de un trabajo de titanes realizado por Ana Vidal, mi querida Anita Dinamita del blog Relatos de andar por casa. El día 25 de noviembre se celebró el día contra la violencia de género y Ana, en su isla,
Para leer todos los microrrelatos pichad AQUÍ
El sonido es flojo así que subid el volumen a tope.