
Pulsaciones desde el más allá.
Martínez, el finado, tenía el record mundial de pulsaciones. Desde el infarto, el teclado de su ordenador asusta a Pepa, la limpiadora.
Torcuato González Toval.

Pulsaciones desde el más allá.
Martínez, el finado, tenía el record mundial de pulsaciones. Desde el infarto, el teclado de su ordenador asusta a Pepa, la limpiadora.
Torcuato González Toval.

"El infartos"
Al jefe le costaría mucho dinero echar al veterano contable, Juan “El infartos”, por lo tanto le dijo que le subiría el sueldo.
Torcuato González Toval.
Le cobran en aquella fila de la izquierda, si no le importa. Hoy lo habré repetido unas quinientas veces, pero sin perder la sonrisa. ¿Te gusta mi sonrisa? Mis dientes son blancos e igualados, y mis ojos tampoco están mal. ¿Verdad? ¡Qué tonto! ¿Para qué te pregunto? No obstante, lo sé. Lo he notado en tu forma de mirarme cuando te has acercado a mi mostrador. Eres muy bonita y estoy deseando que me cuentes cosas sobre ti. Tranquila, sólo serán unos kilómetros y en cuanto lleguemos saldrás del maletero y te desprenderé de esa desagradable mordaza. ¡Qué cosas! No me gusta mi trabajo pero gracias a él he averiguado tu domicilio.
Torcuato González Toval

El descabello.
La bala, en la sien. Sentí el estruendo, el impacto y caí sentado. Me estoy tocando, tintándome los dedos de sangre. La miro, es viscosa. También la miro a ella, la que compartía mi vida y me daba amor está de pie delante de mi con la cara asustada y nerviosa mientras apenas mantiene sujeta la pistola. Sigo mirándola notando la neblina en mis ojos y un fuerte olor a hierro. Me canso. Ahora ella sonríe. Ese es el disparo que me remata.
Torcuato González Toval.
Camino equivocado.
La bala, en la sien. El arma colgada del dedo y la mano casi rozando el suelo. La cabeza reposando sobre el escritorio, manchándolo. Al otro lado de la mesa, una copia traslúcida del muerto grita, llora y lucha estirando los brazos en un intento de alcanzarse. Regresarse infructuosamente. Lo oscuro ancla las garras en su espalda impidiéndole avanzar, y le susurra: “Te equivocaste”
Torcuato González Toval.

La bala, las flores y las niñas.
La bala, en la sien. En el tiempo mínimo de la caída, nacen flores que amortiguan el cuerpo y la pistola humeante no tarda en compostarse con la tierra que se la traga. Llegan tres niñas y le besan el rostro que recobra su rubor y la herida se cierra. Se le abren los ojos mientras se levanta desacompasado. Ellas lo miran sonrientes al tiempo que señalan al cielo. Los nubarrones han desaparecido.
Torcuato González Toval.

Lector de almas.
Lo miro de esa manera, que a lo largo de tantos años me ha dado la experiencia. Mi cliente no se percata de que le escruto el alma, dándome cuenta de que la tiene negra, veo el mal aflorando como una burbuja de gaseosa recién abierta. Sentado en el banquillo, creerán en su inocencia, nadie pensará que con ese rostro de niño hubiera sido capaz de esa carnicería en aquel hotel. Además, las pruebas en su contra son escasas. Pero yo conozco al diablo y calo rápido a los que hacen pactos con él. No me importa, chocamos las manos mientras veo la enorme cantidad escrita en el recibo.
Torcuato González Toval


Victoria
La noche nos rodeaba por encima de la bruma. Dios sabía lo que iba a suceder y preparó el escenario a conciencia. Frente a frente, estábamos, el monstruo que había devorado a todos los seres del planeta, y yo, el único superviviente. Tenía un plan maestro. Me puse en guardia con mi espada y escudo dispuestos. Lo vencí rápidamente cuando, al abalanzarse sobre mí, solté mis armas y me dejé engullir.
Torcuato González Toval
Con la inocencia más graciosa,
que apaga el tono de la rosa,
con ese brillo que te vuelve un niño,
llegaste como si tal cosa.
Después de andar a la deriva,
por mares turbios de bebida,
como un chiquillo falto de cariño,
Volver a ser un niño, volver a ser un niño,
volver a ser un niño, volver a ser un niño.
Después del tiempo que he perdido,
en aventuras sin sentido,
me siento solo y a la vez perdido,
solo porque me has sonreído
y pido....
volver a ser un niño, volver a ser un niño,
volver a ser un niño, volver a ser un niño.
Con la inocencia tan graciosa,
que cambia el nombre de las cosas,
con ese brillo que te quita el frío,
cuando las noches son lluviosas
Volver a ser un niño volver a ser un niño,
volver a ser un niño, volver a ser un niño

![[PinUpGirlredsuedepump.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjcPi3DSUMNgvFuU0GJMfspRj1lw1gyxTV4InhuBtJbGab8mGu_w_nTyxFQS0bmsqgTfdGbCZWpRcUmo7FGvJKAsn2C2Mxu8Zi5AYchUDPBCrHAk_ljTHWEuBb9_v7i3uazl1362yBxgL4/s220/PinUpGirlredsuedepump.jpg)
Serenidad forzada
El artista pasaba horas en su barco observando a las ballenas, hasta que un día descubrió a aquella pequeña criatura que tras posteriores estudios supo que era una sirena. Le cautivó su tremenda belleza, pero sobre todo, la paz y serenidad que desprendía. Era lo que estaba buscando desde que entró, años atrás, en su sequía creativa. Aquel ser maravilloso se convirtió en la musa que tanto había tardado en mostrarse. De repente, la casi mujer, por edad y condición, salto asustada al agua desde su pedestal rocoso. Esto provocó la ira del hombre que volvió a su taller con la fijación de no consentir que eso sucediera de nuevo. No descansó durante días hasta que lo tuvo todo preparado, y entonces regreso a su barco con todo lo necesario. Esperó y esperó hasta que la sirena asomó y se posó en la roca. Sonrió el artista mientras le apuntaba con su cañón y sin pensarlo, disparó. El proyectil, al llegar a la altura de la sirena, explotó, soltando toda su carga de bronce fundido. Satisfecho, quedó mirando su obra durante horas y después se fue.
Torcuato González Toval
Este micro también participó en el concurso de enero de Minificciones.com.ar
El origen
Las dos hermanas de cola escamada hablaban en voz baja de lo que el dios del mar, su padre, les tenía prohibido. Escondidas tras las algas, planeaban como harían para ver a sus amados. La mayor quedó prendada, desde que vio los ojos y el cabello trenzado del capitán de aquel barco que a menudo recorría esos mares. La otra estaba perdiendo la cabeza por el majestuoso cachalote, jefe de su manada, que saltaba y la arrullaba con alegría. Desobedeciendo, llegó el día que decidieron fugarse con sus idolatrados amores, sabiendo ambas que eso significaría renunciar a una parte sustancial de sí mismas. Desde la roca que sobresalía por encima del agua esperaron la presencia ansiada. No tardaron en mostrarse, pero horrorizadas vieron como el arpón ballenero gobernado por uno de ellos, volaba y se clavaba mortalmente en la gruesa y brillante piel del otro. Con los corazones rotos, las sirenas nadaron hasta el barco y allí comenzaron a cantar.
Torcuato González Toval.
Este micro participó en el concurso de enero de Minificciones.com.ar

Victor Jara - Las casitas del barrio alto
Las casitas del barrio alto con rejas y antejardín, una preciosa entrada de autos esperando un Peugeot. Hay rosadas, verdecitas, blanquitas y celestitas, las casitas del barrio alto todas hechas con recipol. Y las gentes de las casitas se sonríen y se visitan. Van juntitos al supermarket y todos tienen un televisor. Hay dentistas, comerciantes, latifundistas y traficantes, abogados y rentistas y todos visten polycron. Juegan bridge, toman martini-dry y los niños son rubiecitos
y con otros rubiecitos van juntitos al colegio high. Y el hijito de su papi luego va a la universidad comenzando su problemática y la intríngulis social. Fuma pitillos en Austin mini, juega con bombas y con política, asesina generales, y es un gángster de la sedición.Gracias a la aportación en los comentarios del Doctor Krapp, averiguo que este tema no es de Victor Jara, sino de Malvina Reynolds.

Mujer bala
Todo el mundo sabía que era una mujer bala, cargada de amor y pasión. Emanaba esa energía positiva que llenaba los espacios por donde se movía. Sus sonrisas, caricias, movimientos y dulces palabras, pronunciadas melodiosamente, entraban en los corazones de aquellos que se cruzaban con ella. El problema es que algunos la querían poseer y retener. A veces se percataba, alejándose con la velocidad que le daba su condición, dejando en la lejanía a aquel que lo intentaba. Le costaba entonces recuperarse. Se quedaba allí un rato mirando, por si el pobre había muerto desangrado.
Torcuato González Toval

El bargueño
La herencia de mi tía ha consistido en esta enorme mansión con todos sus muebles y enseres. Por supuesto ya me he desecho de ellos y les he sacado un buen dinero ya que eran antiguos y de maderas nobles. Aún me queda este trasto, creo que se llama bargueño. Es muy bonito, lleno de columnas, arcos y cajoncitos ocultos. Seguro que lo venderé bien a algún coleccionista. Pero ahora lo principal es salir, llevo rato inspeccionando sus distintas estancias secretas y me he perdido dentro. Hace un instante oí a mi tía allá afuera, su risa de bruja rebotó en las paredes vacías.
Torcuato González Toval




Para informaros más a fondo de quien es Pablo Gonz Este es su blog
¿Niños?
En mitad de la noche, el niño que duerme afuera sobre una silla, despierta al oír unos crujidos. Sigilosamente, se pone en guardia y da la vuelta a la casa comunitaria, para llegar al lugar de donde provienen los ruidos. Allí en la penumbra, se encuentran cara a cara. Nunca ha visto a nadie tan gordo, una barba y un cabello tan blancos y un traje tan rojo. El hombre le sonríe, potenciando sus sonrosados mofletes y el niño también sonríe. Seguidamente le apunta con su metralleta para, al instante, acribillarlo a balazos. Cae muerto, y con el estruendo se despiertan y no tardan en salir el resto de niños y algún mayor. Ríen todos. En el Congo, esta navidad, habrá juguetes para los niños soldado.
Torcuato González Toval
Este micro ha sido valorado con la 1ª mención en el concurso de Minificciones.com.ar del mes de Diciembre.

Revolución
La gran revolución levantó al pueblo el día de la lotería, coincidiendo con la epidemia que provocó la pérdida de voz de todos los niños.
Torcuato González Toval

La mujer hacendosa nunca vaciaba los bolsillos antes de lavar los pantalones. Los ojos del marido se mojaron como el décimo premiado.
(*)Gracias Toro Salvaje
Texto: Torcuato González Toval.
Ilustración: Lapendeja - http://thependeja.blogspot.com/
Micro finalista concurso 140 de la revista digital El Cultural. El tema era la Lotería.

Mudito
De niño le regalaron un vídeo de los hermanos Marx junto a unas castañuelas y ahora, de mayor, se preguntan por qué nunca ha hablado.
Torcuato González Toval

El dueño de aquel décimo de lotería les caía simpático, por eso, los números alteraron su orden mientras oían el sorteo.
Torcuato González Toval.

Sin retorno.
Aquel hombre la estaba haciendo gozar como nadie y llegó a pensar que era el mejor amante que había tenido. Al terminar, fumaron, es lo suyo, pero él no paro de hablarle con cariño mientras sus manos la seguían acariciando. Pasó la noche y por la mañana despertaron. En la calle se dirigieron al coche de ella. Lo había aparcado junto al lugar del reciclaje. Se dieron un beso y él se introdujo en un contenedor.
Torcuato González Toval
Este Micro lo publiqué en el FILANDÓN, organizado por Alberto y Manuel. Si queréis leer el resto de micros, podéis visitar el blog.




Desgaste
Recuerda a papá que baje la tapa del váter y recoja las toallas, que hasta el moño me tiene, estoy para tomar un camino, si, si, cogeré las maletas y aquí os vais a quedar, y tú, desenreda la habitación y friega el vaso del col.. a… cao, y tu her…mana que reco…ja las bra…ga…s y los li..br…os…
Torcuato González Toval

Algo de que hablar
Apareció sin que nadie la hubiera visto antes por el pueblo y desde entonces todos la miraban extrañados. Paseaba como si nada por todas partes con aquel gran pájaro encima de la cabeza. Por los parques y las calles, sin turbarse por esos ojos que sin pestañear se clavaban en ella, ni por esas bocas que parloteaban. La gente no la aceptó, incluso en cierta ocasión un grupo de adolescentes apedreó al ave y esta salió revoloteando a media altura. La niña, sin perder la sonrisa que siempre decoraba su cara, siguió con la vista el vuelo de su amiga y sin cesar de caminar, hizo gestos con su brazo en alto que la gaviota interpretó, bajando y posándose de nuevo sobre su pelirroja melena. Las constantes habladurías pasaban de boca a oreja, e hicieron olvidar a aquel otro personaje que años atrás decidió subir al monte a vivir de forma ermitaña. Aquel, bajaba de tiempo en tiempo al pueblo para cambiar sus artesanías por herramientas y enseres. Fue uno de esos días cuando se topó con un corrillo de parroquianos, estaban cuchicheando sobre una niña de raros comportamientos. Miró entonces hacia la acera de enfrente, allí estaba en un banco de madera. La mirada del hombre se encontró con la de ella y al percibir la felicidad que transmitía su rosado rostro, le hizo sonreír. Quedó paralizado un ratito, hurgándose entre las blancas barbas y miró a las personas que lo observaban con silencio expectante.
Algo perdido en su memoria afloró: El motivo por el que un día abandonó todo lo que lo unía a este pueblo decidiendo vivir solo en el monte.
Texto: Torcuato González Toval.
Ilustración: Clara Varela

Acabó el plazo, el día 10 de marzo se podrán leer todos los micros presentados a concurso.
Aquí abajo tenéis un enlace de un trabajo de titanes realizado por Ana Vidal, mi querida Anita Dinamita del blog Relatos de andar por casa. El día 25 de noviembre se celebró el día contra la violencia de género y Ana, en su isla,
Para leer todos los microrrelatos pichad AQUÍ
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